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Trastornos temporomandibulares: qué derivar y qué tratar

Qué ruido articular no es enfermedad, cómo hacer una exploración básica, qué signos obligan a derivar y qué dice la evidencia sobre férulas y ajuste oclusal.

Por Elias Alves, cirujano dentista · 24 de setiembre de 2026

Lilongwe, Malawi - Staff Sgt
Imagen referencial. Foto: autor no indicado · CC0 1.0 · Openverse

El paciente entra, dice que le truena la mandíbula y pregunta si necesita una férula. Es una de las consultas donde más fácil resulta hacer algo innecesario, y también una de las pocas donde un diagnóstico apresurado puede dejar pasar algo grave. Vale la pena tener el criterio ordenado antes de que llegue el próximo.

Ruido sin dolor no es enfermedad

Es lo primero que hay que poder decir con seguridad. El National Institute of Dental and Craniofacial Research lo formula así: los chasquidos o estallidos sin dolor son comunes, se consideran normales y no requieren tratamiento.

El síntoma que define un trastorno temporomandibular es el dolor en los músculos de la masticación o en la articulación. A eso se suman rigidez y movimiento limitado, dolor que se extiende a la cara o al cuello, ruidos dolorosos al abrir o cerrar, y cambios en la mordida. El NIDCR reporta que los trastornos temporomandibulares afectan a alrededor del 5 % de los adultos en Estados Unidos, y que son dos veces más frecuentes en mujeres que en hombres, sobre todo entre los 35 y los 44 años.

Sobre la causa, el NIDCR es honesto: en la mayoría de los casos no está clara, y probablemente intervienen genes, factores psicológicos y de estilo de vida, y cómo la persona percibe el dolor. Y descarta expresamente una idea muy arraigada: la creencia de que una mala mordida o la ortodoncia causan trastornos temporomandibulares no tiene respaldo científico.

La exploración que sí hay que hacer

No hay una prueba estándar aceptada para diagnosticar un trastorno temporomandibular; el NIDCR señala que el proceso requiere análisis de síntomas, historia médica detallada y, si hace falta, imagen. Los Diagnostic Criteria for Temporomandibular Disorders (DC/TMD), publicados en 2014 por el consorcio internacional RDC/TMD, son el marco más usado, y el diagnóstico se apoya sobre todo en historia y examen físico. Lo mínimo que hay que registrar en la ficha:

Qué Cómo
Localización del dolor Que el paciente señale con el dedo: músculo, preauricular, o fuera del área
Dolor familiar ¿La palpación o el movimiento reproducen el dolor que motivó la consulta?
Apertura Apertura máxima sin ayuda y asistida, en milímetros, y si hay dolor
Movimientos Lateralidades y protrusión, con y sin dolor
Ruidos articulares En apertura, cierre y lateralidades, y si duelen
Palpación Masetero, temporal y articulación, anotando si reproduce el dolor
Antecedentes Bruxismo, estrés, trauma, otros dolores crónicos, apnea

El protocolo del DC/TMD reporta, para los criterios diagnósticos de los trastornos de dolor más frecuentes, sensibilidad ≥ 0,86 y especificidad ≥ 0,98. Para el trastorno intraarticular validado, sensibilidad 0,80 y especificidad 0,97. Es decir: una exploración ordenada identifica bien el dolor y peor el disco. El DC/TMD advierte que los criterios de los trastornos intraarticulares sirven para cribado, y que el diagnóstico definitivo requiere imagen.

El DC/TMD tiene además un eje II de evaluación psicosocial —intensidad del dolor, discapacidad, malestar psicológico, limitación funcional, conductas parafuncionales— y ese eje no es un adorno. En un paciente con dolor crónico es lo que más predice el resultado.

Lo que hay que derivar

Aquí hay dos categorías distintas y conviene no confundirlas.

Urgencias que no son trastornos temporomandibulares. La guía escocesa Management of Acute Dental Problems pone dos filtros al inicio de la vía de dolor:

  • Dolor mandibular atípico con otros signos de infarto de miocardio —falta de aire, dolor torácico—: atención de emergencia inmediata.
  • Alteraciones visuales sugerentes de arteritis temporal: atención de emergencia.

A esto se suman, en la vía de tumefacción de la misma guía, los signos de infección que pueden confundirse con una limitación articular: dificultad para respirar, estridor, disfagia, disfonía, dificultad para mover la lengua, tumefacción que cierra el ojo o que empeoró en la última hora, y paciente sistémicamente mal con escalofríos, fiebre en ascenso, deshidratación o letargo. Un trismus con fiebre no es una articulación: es una infección.

Derivación al especialista, sin urgencia. Cuando el cuadro no responde al manejo conservador, cuando hay dolor crónico con componente psicosocial marcado, cuando se sospecha un trastorno intraarticular que requiere tomografía o resonancia, o cuando el paciente pide algo irreversible. El NIDCR recomienda, antes de cualquier procedimiento irreversible, discutir beneficios, riesgos y alternativas, y considerar una segunda opinión.

Lo que se trata en el consultorio

El NIDCR aconseja empezar por lo simple y evitar los tratamientos que cambian de forma permanente la articulación, los dientes o la mordida, o que impliquen cirugía. Lo que entra en la primera línea:

  • Alimentos blandos, calor o frío local.
  • Antiinflamatorios no esteroideos de venta libre.
  • Fisioterapia y terapia manual.
  • Técnicas de relajación y terapia cognitivo-conductual.
  • Dispositivos intraorales que no modifiquen la mordida.

Y lo que la evidencia no respalda

Esta es la parte que conviene tener clara antes de cobrar un tratamiento. El NIDCR señala sobre el ajuste oclusal que la evidencia de que funcione es insuficiente y que en algunos casos empeora el problema. Sobre la cirugía, que solo debería considerarse ante destrucción articular no reparable por otros medios o síntomas graves. Sobre los implantes de la articulación, solo después de agotar opciones más simples.

Y sobre las férulas, la revisión Cochrane publicada el 16 de septiembre de 2024 sobre intervenciones oclusales para el manejo de los trastornos temporomandibulares es el dato más reciente y más incómodo: 57 ensayos aleatorizados, 2.846 participantes, y certeza de la evidencia muy baja en todos los desenlaces y todas las comparaciones, por limitaciones de diseño e imprecisión. El hallazgo más favorable es que la férula dura de estabilización puede reducir el dolor muscular al masticar frente a no hacer nada, con evidencia muy incierta. Para el resto de comparaciones, poca o ninguna diferencia.

Esto no significa no usar férulas. Significa que no se le promete al paciente un resultado que la evidencia no sostiene, y que la férula no reemplaza al manejo conservador ni justifica una rehabilitación oclusal.

Preguntas frecuentes

¿Le pido una resonancia a todo paciente con ruido articular? No. El diagnóstico se apoya en historia y examen físico. La imagen se reserva para confirmar un trastorno intraarticular cuando ese diagnóstico va a cambiar la conducta.

Si el paciente insiste en una férula, ¿se le hace? Se le puede ofrecer como parte del manejo conservador, con información honesta sobre lo que la evidencia dice, y sin tocar la oclusión. Lo que no corresponde es presentarla como la solución.

¿Un paciente con bruxismo tiene un trastorno temporomandibular? No necesariamente. El bruxismo es una conducta que se registra como factor, no un diagnóstico. Este requiere dolor o disfunción.

Fuentes